Comienza un tiempo nuevo

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La medición del tiempo en política lo es todo. Quien no sepa leer su ritmo, será incapaz de definir las tareas propias de cada tiempo. La medición del tiempo físico tiene una magnitud absoluta, el segundo. Sin embargo, en política hay dos magnitudes de tiempo que no son absolutas: los ciclos electorales y las crisis económicas.

Una de las principales ideas que Marx supo analizar es que el sistema social de nuestro tiempo se caracteriza por el hecho de que la capacidad productiva se incrementa más rápidamente que la capacidad de consumo, lo cual genera crisis continuas de sobreproducción al no poderse consumir todo lo que se produce. En cada una de estas crisis, el ajuste entre la capacidad productiva y el consumo genera un terrible sufrimiento en aquellas personas que no participan de la acumulación capitalista, las que venden su fuerza de trabajo, y el cuál a su vez genera la consciencia entre muchas de estas personas de que hay que cambiar de modelo. Una vez pasadas las crisis económicas, el sistema recupera el orden y es capaz crear un ambiente de estabilidad, en el que sigue habiendo ganadores y perdedores, pero en el que la apariencia es que las cosas van a mejor, y que por tanto no hay necesidad de cambiar de modelo.

Mientras que los ciclos económicos son independientes de los ciclos electorales, éstos sí se encuentran profundamente influenciados por aquellos. El resultado electoral es una foto fija de la correlación de fuerzas existentes en la sociedad. En esta cristalización de la correlación de fuerzas tienen influencia los liderazgos, los discursos, las propuestas, el trabajo realizado, etc, pero la tienen esencialmente a la hora de movilizar los espacios políticos. A su vez, los espacios políticos no son estáticos ni se generan de manera performativa. Los espacios políticos se constituyen a partir de los hitos sociales y es la evolución de los procesos sociales los que marcan el dinamismo de dichos espacios políticos. No se entendería a Chávez sin el Caracazo, a Evo Morales sin la guerra del agua, ni a Podemos sin el 15M o incluso a Vox sin el 1 de Octubre. Tampoco hay que olvidar que los espacios políticos transformadores evolucionan con la estabilización del sistema hacia espacios cada vez más reducidos.

Las crisis son desgraciadamente el único momento para construir una correlación de fuerzas favorables a las clases populares. Ahora bien, históricamente la resolución social de las crisis no está predeterminada: puede avanzar hacia el socialismo, hacia el fascismo o hacia la estabilización del régimen liberal. Desde el estallido de la crisis de 2008, en la cuál retumbaron los cimientos del orden mundial, hemos vivido dos hitos sociales (el 15M y el independentismo catalán) y dos ciclos electorales en el Estado español. Con el ciclo de movilizaciones del 15M se generó un espacio social que impugnaba el modelo de democracia, que impugnaba al bipartidismo e impugnaba especialmente las políticas de un PSOE y una UE social-liberales. Esta crisis de representación del nuevo espacio político fue ocupada por un Podemos que irrumpía asumiendo el modelo político y organizativo propuesto por el 15M: la impugnación al bipartidismo y a la casta unida a la ocupación del espacio público y las asambleas de barrio y sectoriales: los círculos. Podemos era la continuación política de dicho movimiento social.

En su obsesión por asaltar los cielos, Podemos renunció a crear una organización democrática, donde cupieran las disensiones internas, donde su fuerza residiera en la capacidad de autoorganización de la gente corriente y no en las genialidades de un pequeño grupo de personas. Era esperable que fuese difícil mantener los resultados de 2015. Y aun habiendo existido movilizaciones muy importantes, quizás las más numerosas del ciclo, se han tratado de movilizaciones que, proponiendo un modelo alternativo de sociedad (como el feminista o el ecologista), las reivindicaciones podían ser asumidas parcialmente y reconducidas por un PSOE renovado y en un ciclo de expansión económica. Lo que no era tan previsible era que al final del ciclo el PSOE volviera a salir tan fortalecido y Podemos tan mermado.

No ha sido el miedo a un programa demasiado radical el que ha dinamitado la representación del espacio político que abrió el 15M, más bien las extravagancias fuera del sentido común, la sobreactuación y la ausencia de esa democracia real que se pedía en el 15M, las que dispararon las alarmas de la desconfianza. Al tiempo que se perdía el eje impugnador del abajo-arriba, se convertía al PSOE en un actor del cambio y de la solución. Y al final, el PSOE ha terminado representando la solución y el cambio ante una ultraderecha que amenaza con hacernos volver al NODO.

Hoy por hoy el 15M está agotado. Apelar a él no es más que apelar a la nostalgia. La ventana de oportunidad como le llamaban está cerrada. La estabilización del sistema sólo va a hacer que ese espacio político que nació en 2011 cada vez sea más reducido y que a su vez el bipartidismo se recomponga. Quien no entienda que el desarrollo de los acontecimientos va a estar más marcado por la aparición de un nuevo hito social que por el trabajo que se haga desde las posiciones que se tengan en las instituciones está completamente perdido.

Comienza un tiempo nuevo. Tenemos por delante 4 años sin elecciones y entre medio una posible crisis económica mundial, que sólo de pensarlo nos tiemblan las piernas por las penurias que vamos a pasar quienes siempre pagamos los platos rotos del capital. Ese hecho social va a ser el que marque la posible aparición o reconfiguración de un espacio político que sea capaz de desarrollar un modelo alternativo al neoliberalismo, incluida su vertiente más social, el PSOE. No obstante, desde Europa vemos como la salida a esa crisis sistémica de acumulación que vive el capitalismo mundial puede ser resuelta desde la solución autoritaria en lugar de la socializante. No es cuestión de desear ni de obviar la próxima crisis, se trata de afrontarla desde ya.

En los siguientes meses el tiempo político se va a hacer más lento. No se esperan grandes convulsiones sociales y tampoco se van a encontrar ritmos acelerados en el plano electoral. Aprovechemos ese tiempo para reflexionar, para desarrollar una propuesta de sociedad alternativa, para construir redes y lazos sociales y comunitarios. Tenemos una oportunidad para forjar a fuego lento un sujeto andaluz que dé respuesta a la Andalucía del siglo XXI. Pongamos de una vez lo importante por delante de lo urgente.

The winter is comming, hemos perdido un dragón, pero tenemos más dragones que cuando empezamos la partida en 2011, y lo más importante, seguimos llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones.

Autoría: E. Cantos. Ingeniero aeronáutico y activista en Sevilla.