Paradojas de la vida

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Siempre me han llamado, poderosamente, la atención las paradojas que tenía esta vida nuestra. No sé si será manía, defecto profesional o alguna neurosis de la que aún no soy consciente. Debería peguntar a mi admirado y querido psicoanalista para así tener la opinión de una voz autorizada al respecto. Pero la cuestión es que arrastro una larga trayectoria como observador de campo de múltiples “paradojas de la vida”.

Quizás para ponerlas de relevancia, lo mejor sea reparar en la actual situación, como ejemplo que todos actualmente tendremos presentes, a pesar de que nuestra ubicación y circunstancias pueda ser plural y muy variada. Ya que para empezar, la crisis humanitaria mundial, nos ha alcanzado a todos en nuestra línea de flotación. Una crisis mundial de salud, no es moco de pavo. Ni entiende de clases sociales, ni de cuentas corrientes. Ahí, amigo mío, se igualan los seres humanos y recuperamos el valor que verdaderamente tenemos. Una persona, una vida. Aunque dependiendo de nuestra ubicación geográfica entren en juego otras muchas variantes, dado que no será igual residir o estar en un país cuya sanidad sea universal y gratuita, que en uno en el que dependa del seguro y por consiguiente, el dinero que guardes o acumules en tú cuenta corriente, para así poder salvaguardar más o menos, lo más preciado que tiene cualquier ser vivo. Puesto que aunque esta sea la propia vida, la cosa será muy distinta o como vulgarmente se suele decir, “cambiará mucho el cuento”.

No hace falta ser ningún Lumbreras, para darse cuenta de que con esta crisis sanitaria, producida por un virus denominado técnicamente Covid19, que ha puesto en solfa a todo el mundo, los primeros que han ido a la cuneta han sido todos aquell@s que se dedican a la primera y más importante industria de este país. Si, señoras y señores, han sido la industria turística, la del ocio y la cultura, las primeras en irse al carajo. Algo perfectamente lógico, ya que en el momento que se ha decretado una cuarentena mundial por peligro de contagio, los vuelos y los traslados a través de cualquier tipo de medio de transporte, han sido inmediatamente prohibidos. Esto ha hecho que automáticamente en un inesperado efecto dominó comenzasen a caerse reservas, previsiones, viajes, hospedajes, traslados, desayunos, almuerzos y cenas, así como los correspondientes visitas a monumentos, museos y espectáculos populares propios de dicha cultura. Es decir, que la industria del Turismo y del Ocio han ido automáticamente al garete, sin posibilidad de decir ni pescao frito.

Pero no ha sido eso lo más alarmante ni preocupante del asunto. Sino el hecho de que la incertidumbre y la falta de conocimiento sobre la duración y alcance del virus mientras no se tenga sanitariamente controlada la situación, ni se haya dado con la vacuna que tranquilizaría a la sociedad mundial sobre el peligro de esta “gripe mortal” que se ha desatado desde China al mundo mundial y que curiosa y “caprichosamente” se ceba más con personas mayores, embarazadas, enfermos crónicos de pulmón y/o con alguna debilidad que por medio de un contagio vírico se pudiese agravar hasta el punto de suponer un peligro para la salud. Si nos paramos fríamente a reflexionar al respecto, da miedo pensar que no haya sido fruto de un capricho de la naturaleza, sino invención del ser humano. Y que hayamos llegado a un punto en el que se pueden poner en circulación virus que matan por edad. Como podrían hacerlo, por etnia, grupo sanguíneo o cualquier otra característica concreta. La cuestión es que lo cierto y verdad es que llevábamos mucho tiempo haciendo cumbres mundiales por el clima, sin obtener prácticamente ningún resultado ni acuerdo vinculante y razonable que nos hiciese albergar la menor esperanza en una mejora real de las condiciones de solubridad y sostenibilidad de nuestro maltrecho planeta. Sin embargo eso mismo sobre lo que los hombres no eran capaces de tomar conciencia y acuerdo, llega un virus y lo establece bajo un decreto de emergencias mundial.

Quizás por eso, o, además, sorprenda tanto ver como el planeta se ha parado al compás que el avance del virus iba marcando, hasta paralizar por completo la superproducción y con ella, la emisión a espuertas de CO2 diariamente. Y que esto haya obrado el milagro de abrirnos los ojos para ver como el confinamiento y reclusión o retirada en manada, de seres humanos en todo el planeta, haya hecho que, como por arte de magia, los cielos se tornen azules y limpios. Los animales vuelvan a aparecer en unos espacios naturales de los que se habían retirado, básicamente por miedo, hostilidad y sentirse amenazados en su día a día.

Mientras tanto, a nivel cultural resulta curiosísimo observar como atendiendo a las tradiciones y costumbres de la etnia, pueblo o cultura, su población también está corriendo más o menos riesgo. Por ejemplo, aquellas culturas y pueblos que respetan y mantienen un gobierno o una preponderancia de un sistema cultural basado en la gerontocracia, como serían los casos de pueblos como el gitano o las más diversas y variadas tribus indias del continente americano, reacias y/o contrarias a despojarse de sus mayores para condenarlos a pasar su último periodo de existencia en centros de mayores, haya venido a llevarle la contraria al mortal virus, puesto que si se analizasen los números de muertos y su naturaleza nos sorprendería comprobar los ancianos gitanos e indios que están sobreviviendo al mismo gracias al celo y cuidado de estos pueblos con sus ancianos.

Con el confinamiento mundial, también han florecido nuevas oportunidades de negocio para los de siempre. Esto es, los que poseen el capital y juegan con él. Pero desde el punto de vista de un darwinista social, que ve y entiende la sociedad como la mismísima selva y entiende que solo sobreviven los más aptos y por consiguiente, los que se adaptan al sistema. También están surgiendo o floreciendo múltiples oportunidades de negocio, atendiendo a las necesidades que como género humano seguiremos teniendo o transformaremos y/o adaptaremos a las nuevas circunstancias.

En contraste con todo ello, también debemos tomar en consideración como los políticos y técnicos de los gobiernos de todo el mundo, se han mostrado incapaces de dar respuestas o de plantear estrategias que pudiesen contrarrestar los efectos sobre la economía y la sociedad, convocando reuniones virtuales por gremios o sectores para plantear y solicitar de los más afectados las soluciones y respuestas que ellos han mostrado ser incapaces de encontrar. Ya que atenazados y porque no decirlo en plata, acojonados ante la falta de un horizonte cierto sobre el que poder construir y buscar una estrategia o una solución, se han precipitado a mostrarnos sus miedos y vergüenzas. Así que de todas las paradojas que aquí les hemos señalado, lo que más claro tenemos es que de esta crisis, como de las anteriores, cuya gravedad pudiese ser mayor o menor, más reducida en el tiempo o extendida. Nadie vendrá a sacarnos. Pueden estar tranquilos de que no será ningún superhéroe, ni mucho menos ningún político o técnico a sueldo de una administración quién venga a sacarnos del barro. Habremos de ser nosotros mismos, como siempre ocurrió en el pasado, quienes busquemos las soluciones y nos organicemos para arrimar el hombro y empujar hasta hacer que nuestra línea de flotación, ahora gravemente tocada, vuelva a salir a flote para que este mundo pueda continuar navegando con la vida. Eso sí, corrigiendo y reconduciendo las paradojas aquí señaladas y otras que vendrán, porque este mundo no para ni espera a nadie. Eso pueden tenerlo muy claro. Posiblemente sea de lo poco que puedan tener hoy claro.

Autoría: Fernando González-Caballos Martínez. Productor artístico, periodista y antropólogo.