Lo que cada día vemos que ocurre en Ceuta cuesta de creer; parece un documental de serie B. Nos lo creemos porque no hay decorados en una ciudad convertida en perfecto plató para una realidad que parece ficcionada. Y porque tampoco ha habido casting para elegir a los protagonistas ni a los más de 72000 extras que sorpresivamente realizaron la invasión aún a riesgo de sus vidas, superando las muy reales 200 personas fallecidas.
Algunos habían viajado cientos de kilómetros para llegar a tiempo al improvisado asalto; nos cuentan que animados por las mafias del sector. Poco más de 100 efectivos policiales, a ambos lados de la frontera aquel día, no pudieron parar tamaña avalancha, no detectada por los servicios de inteligencia e información nacionales e internacionales. Curiosamente el mismo día hubo, también, un récord en la llegada de migrantes “ilegales” al Reino Unido, tampoco prevista; que junto a la de Ceuta fue rápidamente comentada por Trump como el peligro principal que también va a afectar a su país y a Europa, instando a esta a actuar cambiando sus gobiernos hacia fuerzas políticas más acorde a sus planteamientos. Unas sorpresivas declaraciones -sin errores en las ubicaciones geográficas- que también pudieran señalar a posibles subtramas de índole geoestratégico en el caso del estrecho de Gibraltar.
El caso es que los hechos han ido sucediéndose sin la coherencia argumental ni la consistencia de las lógicas de las habituales crisis sociales migratorias. Todo parece ocurrir acorde a estos tiempos de descontroladas y desconcertantes catástrofes naturales que no parecen responder a las normas y explicaciones hasta ahora conocidas y aplicadas, entre otras razones porque son desoídas las explicaciones actuales de científicos y expertos en cada materia.
Así en Ceuta, desde el día siguiente, casi el 90% de las personas migrantes, sin explicación aparente, empiezan a volver motu proprio a Marruecos. En pocos días, las fuerzas de seguridad en la ciudad pasarían de menos de 1000 a unos 5000 efectivos entre los distintos cuerpos militares y de seguridad del estado, sin que parezcan capaces de atender y garantizar la seguridad de las 5000 personas migrantes (de ellos, 2000 menores) que van a permanecer en la ciudad. No es hasta casi el mes que se empieza a corregir fallos de contabilización y a habilitar espacios de acogidas acordes a la necesidad; siendo, mientras, la comunidad ceutí organizada (asociaciones de vecinos, ongs…) quienes atiendan a los migrantes, especialmente a niñas y menores.
A finales de agosto se acentúan los actos racistas y xenófobos con acoso y agresiones a personal de las entidades humanitarias y, sin que los medios dispuestos, policiales y militares, consigan evitar que grupos de entre 50 y 200 personas impidan el reparto de alimentos o agredan a los jóvenes migrantes destruyendo los campamentos improvisados.
Un guion muy poco verosímil para las capacidades que se esperan de un estado y de sus instituciones y organismos…
La actual realidad de serie B, discurre en tramas y argumentos poco creíbles para el cinemascope, pero muy válidos para relatos simplistas de “sesión continua”. Especialmente para un público que -a fuerza de tuits, tertulianos y “todólogos” de banderas y mástiles- nos tragamos fácilmente los mensajes de miedo, odio y violencia hacia el/lo diferente…. lo que va a permitir el desenlace de la trama principal, que no es otro que cambiar todas las leyes necesarias para blindar Europa y sus fronteras contra la migración pobre, avalado por todas las fuerzas políticas de espectro aceptado por el sistema… y, antes de comenzar la razia y el robo de los últimos recursos energéticos y de materiales de los países africanos.
Pero esa es otra -la siguiente- película, con argumento manido de serie C -exportar la libertad, la democracia y los derechos humanos- pero con presupuesto de superproducción para las escenas bélicas…
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