Cultura material para la transformación (II)

2

Propagar “otras” ideas

No hay conceptos ni categorías intocables, no hay verdad fuera de la Historia, de la lucha de sentidos y clases. Estamos con Jule Goikoetxea1: entendemos que hay que poner los conceptos y las categorías a disposición de la emancipación. Y por ello, frente a su propaganda, nuestra contrapropaganda.

En tanto que la propaganda vale para propagar algo que nos importa, nos importa la propaganda.” Esta es una frase de un texto del “Congreso de artistas durante la Guerra Civil española” (Valencia, julio de 1937). Una democracia con base en una soberanía popular real sólo es tal si reconstruye nuevas vías para la propaganda, para propagar ideas. Aquí surge la cuestión de qué (contra)propaganda podemos reconfigurar. Para Alberto Santamaría, la contrapropaganda es un modo de provocar que el poder dominante se visibilice. La contrapropaganda actuaría como forma de visibilizar las grietas en el interior de la narración y la semántica del poder y de sus instituciones. En esa línea se situó la enseñanza de Spinoza sobre la contrapropaganda al entender que debe leerse como un relato que juega a desfigurar el relato de esa propaganda del poder basada en el dominio.

La transformación socioeconómica requiere de una contrapropaganda que relea el relato económico dominante desde sus propios términos para desnudarlos. Para este objetivo es útil la mirada de la cultura material popular, de letras flamencas, carnavaleras, de los cantos y expresiones populares. En nuestro caso, hemos buscado en las letras flamencas y hemos encontrado que, en muchas ocasiones, crean relatos que hacen frente al relato de la clase dominante y, de este modo, se convierten en contrapropaganda. Al igual que la ciencia económica tiene sus “cuentos”, sus “metáforas”, “sus manos invisibles”, su “propaganda” que le sirve para propagar unas ideas, en las letras de expresiones culturales populares2 podemos encontrar y construir nuestras “metáforas que nos piensan”3, la contrapropaganda a la propaganda neoliberal.

Abundan las letras flamencas en las que se ofrece una antítesis al proceso de modernización capitalista y a una de sus herramientas esenciales como es la ciencia económica. Las letras flamencas son un instrumento para dejar de confundir economía con economía capitalista, o cultura con cultura burguesa. La soleá de la ciencia es una crítica radical a la ciencia ilustrada. Presumes que eras la ciencia/ yo no lo comprendo así/ porque siendo tú la ciencia/ no me has comprendido a mi.”

Mark Fisher4 entiende el realismo capitalista como “la idea muy difundida de que el capitalismo no solo es el único sistema económico viable, sino que es imposible incluso imaginarle una alternativa.” Mediante la cultura material popular es posible propagar otra forma de entender la economía, hacer economía e, incluso, imaginar una alternativa a la economía capitalista. Las ideas que surgen fuera del realismo capitalista, desde la verdad económica de la cultura popular, sirven para aunar conocimiento con sentimiento, cultura con economía.

Nuevas relaciones para otro sentido

La transformación social en general, y las economías transformadoras en particular, deben ser capaces de generar nuevas relaciones sin las cuales no se podrán ofrecer alternativas materiales deseables. La creación de cooperativas de trabajo autogestioanarias es una de las bases de la apuesta. Para ello hay algo mucho más importante que el dinero: encontrar personas cooperativistas. En todo momento ha sido complicado. El neoliberalismo lo ha complicado todavía más, pues la exacerbación del yo ha sido funcional al capitalismo neoliberal.

Por eso es tan importante esto que nos plantea Rowan: “Habitar vidas diferentes comienza por reconocer las tendencias individualizantes y polarizantes que han caracterizado al neoliberalismo. Implica articular valores estéticos y políticos que desplacen la centralidad del yo como unidad de medida del mundo. Implica aprender a desatender las exigencias más tiránicas del yo para empezar a habitar la tensión constante del nosotros.”

La propuesta de proyectos emancipadores requiere “imaginar haciendo y vivir creando otras formas de convivir”. Para ello se requiere transformar las relaciones sociales relacionadas con lo económico para alcanzar una vida que merezca la pena ser vivida.

Nando Cruz nos plantea dos modos de entender el disfrute de la música y, al mismo tiempo, dos modos de producción, con sus ganadores y perdedores. En “Macrofestivales. El agujero negro de la música”(2023)5, analiza cómo la industria del ocio ha convertido los encuentros musicales en eventos al servicio de la acumulación de capital y cómo los Macrofestivales parecen haberse convertido en el único modo de escuchar música en vivo. Por su parte, en “Microfestivales. Y otros escenarios posibles” (2025)6, nos muestra todo lo contrario, es decir, que hay otro modo de entender la producción y disfrute de la música y la cultura.

Cuando la contracultura fue capaz de tensionar los marcos morales, experimentar con nuevos valores y crear imaginarios disidentes, ensayó modelos alternativos y autónomos de producción y distribución. La producción cultural implicaba no solo pensar en contenidos, sino también en las estructuras sociales y económicas que los sostenían. La contracultura transformadora no se puede quedar en un simple proyecto de creación de contenidos, sino que deberá crear infraestructuras y espacios autónomos, una infraestructura material común. Nando Cruz, en la segunda de las obras citadas, muestra la existencia de toda un red de festivales que sirven de infraestructuras materiales del común, donde la lógica seguida no tiene nada que ver con la aparentemente única manera de hacer, producir y disfrutar.

La alternativa al capitalismo neoliberal debe buscar otro sentido a la vida. Hacer un cambio de sentido y dejar de circular por esas autopistas del consumo banal que nos lleva a la insatisfacción permanente. Siempre con base en la capacidad de la cultura material popular como herramienta para para encontrar otro sentido.

En la búsqueda de ese otro sentido, en Andalucía, son transcendentales los espacios autónomos que luchan por el común. Cada vez son más imprescindibles esos microfestivales de los que habla Nando Cruz, o La Fuga sevillana, el Corral de Antón jerezano, El Adoquín gaditano, la Fiebre del Cante, la Peña Flamenca La Bambera, el Módulo Azul moronero, El Voces del extremo de Moguer, La Casa Invisible malagueña, el Rey Heredia cordobés, las Cuevas del Sacromonte de los Niños de la Noche, Zurko, y tantos y tantos espacios en los que, de un modo u otro, se impulsa el denominado “pensamiento crítico” y que aquí hemos intentado explicar como contrapropaganda, cultura materialista o dietas de adelgazamiento de ese monstruo llamado yo que destruye nuestra bendita y salvadora cultura comunitaria. Aquella que nos puede permitir encontrar las nuevas relaciones que posibiliten sentidos que merezcan ser sentidos.

1Goikoetxea, J. (2024): “Idealism and biologism in Social Reproduction Theory: a Materialist critique” in Capital & Class, March issue – 10.1177/0309816824123410

2Thompson, E.P. (2019): “Costumbres en común. Estudios sobre la cultura popular.” Capitán Swin.

3Emmanuel Lizcano (2006): “’Las cuentecitas de los pobres’. Crítica del saber culto y matemática paradójica en el cante flamenco.” En “Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones.” Traficantes de Sueños, 2006. Pag. 93-122.

4Fisher, M. (2016): “Realismo capitalista. ¿No hay alternativas?”. Caja negra editora.

5Cruz, N. (2023): “Macrofestivales. El agujero negro de la música”. Península.

6Cruz, N (2025): “Microfestivales. Y otros escenarios posibles”. Silex.