Quisiera dejar constancia de los desconchones que se observan en las paredes de la sociedad catalana en relación con el arte flamenco. Las paredes, si no se les cuida y de vez en cuando se les da una mano de pintura, se enmohecen, se deterioran y con el paso del tiempo se desconchan.
Parece que hayamos congelado el contenido del libro “Flamencs” publicado por el Ayuntamiento de Barcelona en el año 1997 con textos de Isabel Coderque, Arcadi Espada y Francisco Hidalgo. Las fotografías de Colita completaron una edición de categoría, la misma que puso en un pedestal de altura a algunos artistas de origen catalán. Supongo que para no alumbrar un libro con exceso de peso había que escoger a un grupo reducido, siendo los afortunados Juan Manuel Cañizares, Ginesa Ortega, Duquende, Mayte Martín y Miguel Poveda. Tres de ellos marcharon de Catalunya hace tiempo. Cañizares a Madrid; Duquende y Poveda a Málaga.
Si bien es cierto que por entonces el mencionado quinteto, un guitarrista y cuatro cantaores, estaban situados en el repunte, también lo es que otros podrían haber subido al podio: Julián Navarro “el Califa”, Juan Gómez “Chicuelo”, Blas Córdoba, Montse Cortés, Pedro Sierra, Mercedes Cortés, José Luis Montón, José Miguel Vizcaya “Chiqui de la Línea”, Juan Ramón Caro. Los dilemas que surgen cuando has de seleccionar siempre rondan la duda. Nunca se acierta y el azar o la suerte acaban imponiéndose. De este grupo, dejaron Catalunya cinco: Montse y José Luis a Madrid; Mercedes y Pedro a Sevilla; y Juan Ramón a Málaga.
Como se puede comprobar en ninguno de los grupos se cita a artistas vinculados a la danza flamenca. Da la impresión que la sombra de la genial bailaora, Carmen Amaya, catalana, gitana y artista de grandísima proyección internacional, haya eclipsado a otras que forjaron su carrera artística teniendo su epicentro en Catalunya: La Chunga, La Singla, La Chana, José de la Vega, Flora Albaicín, Milagros, La Tolea, La Tani, Gloria Belén, Miguel Fernández “Faraón”, por no citar más artistas de las generaciones surgidas a partir de estas maestras y no extendernos más. Es curioso cómo actúa nuestro inconsciente. El baile flamenco, el que aporta una plasticidad estética a raudales, en ocasiones no cuenta.
Después de aquel “Flamencs”, el mismo que significó un beneficioso empujón institucional por la visibilidad que ofreció al quinteto elegido, no conozco ningún hito similar surgido de organismo público alguno. Supongo que por entonces, año 1997, se aceleró porque habría motivos que lo justificaran. Desde entonces, la oficialidad habrá considerado que lo sucedido posteriormente no merece ser tenido en cuenta ni ponerlo en valor.
Casi 30 años después se ha publicado “Catalunya flamenca”, de Rafael Vallbona (2026, Editorial Pòrtic) y del que este escrito es deudor porque formó parte de una versión inicial de su prólogo. Este libro indica la buena salud del flamenco en Catalunya, y, sin embargo, seguimos refiriendo sólo a aquellos cinco artistas y algunos pocos más.
Al respecto de la salud del flamenco en Catalunya nos gustaría referir dos cuestiones, que cada una de ellas merecería tratamientos diferenciados.
Por un lado la Rumba catalana. Últimamente ha tenido gran predicamento entre los medios de comunicación, la iniciativa que partiendo del propio sector, a través de plataformas de apoyo, solicita a la UNESCO que distinga a la rumba catalana patrimonio inmaterial de la humanidad. Por el débito a los procedimientos, han intervenido el Parlament de Catalunya y el Ministerio de Cultura. No ha faltado la polémica política en este trasiego.
Es sorprendente que en las fiestas populares de Barcelona (Cabalgata de Reyes, Sant Medir, Carnaval), ciudad que abandera la creación y el nacimiento de la rumba catalana, único estilo musical creado en un medio urbano durante el siglo XX en Europa, se haya adoptado la batucada o las marchas militares al uso, en el acompañamiento musical de las carrozas en movimiento por calles, plazas y paseos de la ciudad. ¿No es extraño que el municipio no apoye a que, en esas u otras celebraciones mundanas de pálpito institucional, sea la rumba catalana y los artistas que la mantienen viva, los encargados de expandir esa música tan propia?
Otra cuestión es la que podríamos denominar “la espantá catalana”. Esta cuestión tendría que recaer en expertos en la materia. Creo que se denomina estudios de casos o trabajo de campo. Quizá algún ámbito de investigación universitario (sociología, antropología, bellas artes, estética, etc.) podría liderar la propuesta. Se trataría de realizar entrevistas a cada artista catalán que, en su momento, decidió fijar su residencia en Andalucía o Madrid. Especular, sin antes efectuar este estudio, sería excesivamente atrevido.
Lo que sí puedo afirmar es que alrededor de una treintena de artistas flamencos catalanes de raigambre marcharon de nuestros pueblos y ciudades. Cuando vivían en Catalunya trabajaban sobre todo dentro de nuestro marco territorial. Desde que habitan en Andalucía o Madrid, no paran, son requeridos en festivales, proyectos, plataformas, auditorios, teatros, producciones que conectan con el flamenco y las fuerzas que lo impulsa.
La generación post “Flamencs”, con unos niveles muy altos de interpretación, talento compositivo, creatividad y preparación, que siguen viviendo en Catalunya trabajan dentro de nuestro perímetro. Sin embargo cuesta mucho esfuerzo que sean contratados en los eventos punteros del resto de la Península. Esta generación proviene de dos estamentos: familias gitanas que por tradición siguen fundamentando el aprendizaje de los más jóvenes a través de la oralidad, escuela interna natural; y los flamencos “gachós” que han querido formarse en escuelas, academias, centros, reglados o no, escuela externa normal. Jóvenes gitanos y “gachós” interactúan en tablaos, peñas, festivales y concursos que se llevan a cabo en Catalunya donde presentan proyectos de gran valor artístico.
Catalunya es receptora, a través de todas las plataformas flamencas que están en marcha, de artistas sin necesidad de mirar el DNI, ni el lugar de origen, ni el sitio de residencia. Sin embargo ese “d’aquí pallá” tan necesario, se encuentra en parte, bloqueado. Una lástima.
Autoría: Lluís Cabrera Sánchez. President Honorífic de la Fundació Taller de Músics.
