Hay quienes no podemos evitar mirar la mugre de la uña del dedo que señala a la luna. Y desde ese revelador instante, deja de sernos creÃble la otrora limpia maestrÃa de su excelso señalar al satélite.
Quién no ha evitado estar al tanto de chascarrillos o leer prensa, siempre digital, para no generar prejuicios sobre algún admiradÃsimo dedo señalador de luna.
Cuánto mejor serÃa su anonimato para nuestro simple deleite contemplativo de su señalado arte sin controversias mundanas y, para su disfrute Ãntimo de creación gestual sin la complicada gestión de la admiración y el reconocimiento público.
El dedo que señala al mito no deja de señalar una creación imaginada, sólo reconocible y reconocida subjetivamente por los mitómanos, porque el constructo mitológico es emocional.
El dedo que señala a la persona señala siempre una realidad tangible, reconocible y reconocida objetivamente por la comunidad, porque la naturaleza de lo personal es polÃtico.
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