Estos dÃas se conmemoran los 50 años de la creación del SOC. Fue un proceso que habÃa comenzado en 1974, en la clandestinidad, con la formación de las Comisiones de Jornaleros en una reunión en Sanlúcar la Mayor que se continuó en agosto de 1976 en Antequera (ya muerto el dictador, pero perdurando el franquismo) y culminó en el Congreso de constitución, al año siguiente, en Morón.
Quienes dirigen hoy el Sindicato (en realidad el SAT, en el que se reconvirtió el SOC hace ya casi veinte años), han elegido la segunda de las tres fechas para organizar unas Jornadas conmemorativas. Bien está. Siempre que la ocasión no derive en una mirada nostálgica al pasado (estoy seguro que esa no es la intención) o en  simple motivo de autosatisfacción por los logros (que han sido no pocos y tampoco hay que ocultarlos). SerÃa muy útil que en las intervenciones y mesas organizadas -o en otro contexto paralelo, si se considerara más adecuado- se plantearan y debatieran también las debilidades, las dificultades e incluso las contradicciones que a lo largo de estas cinco décadas han evitado una mayor expansión de la organización en una etapa del capitalismo en que el «jornalerismo» (con su precariedad, bajos salarios y deficientes condiciones de trabajo) es caracterÃstica principal no solo de los trabajadores agrÃcolas (que son cada vez menos en número) sino de gran parte de quienes trabajan en la construcción, la hostelerÃa, la sanidad, la enseñanza, la mensajerÃa y otros sectores.
En su etapa inicial, el SOC blandió la bandera verde y blanca antes y más intensamente que ninguna otra organización y tuvo como lema el de «Tierra y Libertad». Por eso uno de sus objetivos (polÃticos, sÃ) fue una verdadera Reforma Agraria solo posible con la conquista de un autogobierno andaluz con plenas capacidades para decidirla. Por eso estuvo en primera lÃnea de la lucha por una AutonomÃa plena como camino hacia ese autogobierno necesario. Hoy, es evidente la necesidad de un sindicato andaluz fuerte, no plegado a los intereses de instituciones ni de partidos, que no se deje seducir por los cantos de sirenas y el radicalismo verbalista de organizaciones polÃticas con centros de decisión fuera de AndalucÃa, y que defienda con firmeza e inteligencia los intereses de los trabajadores de todos los sectores y de AndalucÃa como pueblo. Un sindicato que evite estériles personalismos y que sea asambleario y abierto, como lo fue el SOC en sus primeros años (de lo cual puedo dar fe directa).
Mis mejores deseos para que la conmemoración de la creación del SOC hace ahora 50 años signifique el relanzamiento de un proyecto de esas caracterÃsticas.
