Los descomunales incendios de Madrid y Ávila en este verano de 2026, hijos de la catástrofe ecológica en curso, han reabierto la polémica con los negacionistas del cambio climático en el estado español, especialmente VOX. Pero es injusto menospreciar otras formas de negacionismo climático no explícitas tan peligrosas como las de las derechas radicales. Quizás el negacionismo más eficaz ya no consiste en negar el cambio climático, sino en reconocerlo mientras se mantienen intactas las políticas que lo producen.
1. Negacionismo climático de las ultraderechas trumpistas
Las ultraderechas trumpistas no ocultan su desprecio por los datos científicos que avalan el calentamiento global a causa de la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero. Por lo tanto, tampoco muestran interés ni preocupación por sus catastróficas consecuencias para la vida en el planeta y contraatacan atribuyéndolo a la agenda ideológica de las izquierdas.
Este negacionismo no deriva de un error cognitivo, sino del reconocimiento de que exponerse a esta evidencia conlleva extraer consecuencias sobre el orden de creencias, intereses y privilegios que ellos defienden.
En ‘Vida de Galileo‘ (Bertolt Brecht), los eruditos de la corte florentina se negaban a mirar por el telescopio, no porque rechazasen ver otras cosas (la verdad), sino porque temían que se cuestionase el universo simbólico que les daba poder. ‘Señor Galilei, quién sabe a dónde puede conducirnos la verdad’’, dice furioso uno de ellos.
Las ultraderechas trumpistas no temen los datos sobre el colapso ecológico y climático (mirar por el telescopio), sino las consecuencias políticas, económicas y culturales que se derivan de mirar y conocerlos. En su negación de la verdad climática no anida una confrontación cognitiva o científica, sino la conciencia clara de la amenaza al orden de dominación económica y cultural del capitalismo que la crisis ecológica supone.
Este posfascismo fósil de Abascal o Ayuso sostiene una ignorancia como estrategia de poder. No refiere un supuesto ‘debate’ de ideas y datos científicos, sino la defensa del orden establecido, de intereses materiales, de identidades ideológicas.
Como ya es imposible impedir que la mayoría del mundo mire por el telescopio y vean, la estrategia ‘alternativa’ cae del lado de los gobiernos y las instituciones políticas.
2. Negacionismo climático por renegación. La gobernanza neoliberal frente a la crisis ecológica.
Freud describió la renegación como un mecanismo de defensa en el que el sujeto percibe una realidad externa traumatizante, pero actúa como si no existiera. El sujeto reconoce el hecho pero lo desmiente simultáneamente: lo sé, pero actúo como si no lo supiera.
A pesar de la contundente evidencia científica sobre las causas y el ritmo del calentamiento global, la gobernanza dominante no actúa verdaderamente frente a ello. El régimen neoliberal imperante, en el ejercicio de su tutela sobre los gobiernos, los mantiene practicando una suerte de renegación climática: vemos que es cierto (la catástrofe ecológica), pero actuamos como si no lo supiéramos. Coexisten en esta gobernanza dominante el conocimiento y su negación, sin aparente régimen de contradicción.
Los gobiernos y las instituciones europeas, por ejemplo, no niegan la realidad del cambio climático, pero sí las consecuencias políticas que habrían de asumir. El conocimiento científico queda institucionalmente neutralizado mediante el rechazo a afrontar la base material de la crisis medioambiental, el capitalismo fósil.
En septiembre de 2025, distintas organizaciones como Amigas de la Tierra Europa, la Coalición Europea por Justicia Corporativa y la Confederación Europea de Sindicatos convocaron una marcha desde Maastricht hasta la sede de la Comisión Europea (Bruselas). Exigían una renovada ambición medioambiental que haga frente a la presión de los ‘lobbies’ contaminantes.
El informe de Ecologistas en Acción ‘Cuando el lobby fósil rebaja la ciencia: desregulación y captura corporativa en el giro climático de la UE hacia 2040’ analiza la evolución de la normativa climática europea y el impacto de las leyes ómnibus aprobadas durante 2025.1. ‘El actual ciclo legislativo europeo está marcado por el Informe sobre el futuro de la competitividad europea, elaborado por Mario Draghi, que representa una continuidad con la ortodoxia económica de corte neoliberal. Estas directivas europeas priorizan la reducción institucional y la desregulación de mercados, y plantean riesgos significativos para la sostenibilidad ambiental… La revisión de la estrategia a largo plazo de la Unión Europea revela una peligrosa desconexión entre la urgencia científica y la voluntad política.’
En el mejor de los casos, si el resto del mundo imitara exactamente el nivel de ambición actual de Europa, el calentamiento global superaría los 2 °C, rebasando el límite más seguro del Acuerdo de París. Los países con mayor ‘deuda climática’ por su contribución histórica a la emisión de gases de efecto invernadero, como Estados Unidos y los europeos, tienen la obligación económica y moral de hacer los mayores esfuerzos y financiar la acción climática global, tanto en términos de mitigación como de adaptación.
Recientemente, Greenpeace (Rescate fósil o transición energética: España ante la crisis de Ormuz) ha denunciado que España ha destinado casi el 50% de las ayudas ante la crisis de Ormuz a subvencionar el consumo de combustibles fósiles.2‘El Ejecutivo español ha protagonizado el mayor “rescate fósil” del continente, destinando casi la mitad de sus recursos de emergencia a incentivar el consumo de energías contaminantes con ayudas generalistas… inyectar miles de millones en rebajas fiscales generalistas solo beneficia a los más ricos, a los que más contaminan y a los mismos matones que provocan las crisis, alejándonos de la soberanía energética y la resiliencia climática urgentes” ’.
Es precisamente esta forma de actuación la que puede denominarse negacionismo por renegación. Stanley Cohen en ‘Estados de negación’ utiliza la expresión ‘negación implicatoria’: no se niegan los hechos (en este caso, el cambio climático), pero se rechazan sus implicaciones morales y políticas.
La renegación no sólo se expresa en la política energética. También aparece en la política de los gastos de ‘Defensa’. Las actividades militares son altamente contaminantes y la destrucción originada por las guerras calienta el planeta. Los gobiernos de la Unión Europea mantienen una espiral creciente de aumento del gasto y el comercio armamentístico. Gran parte de los conflictos armados del mundo están originados en una economía de depredación y neocolonización que lidera el capitalismo occidental. La militarización de la OTAN, la UE y el estado español tienen en la seguridad de acceso a los combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas) un objetivo estratégico. Las amenazas geopolíticas derivadas del cambio climático, las pandemias, las sequías, la inseguridad alimentaria o las migraciones irregulares son centrales en los documentos estratégicos de la OTAN y los ministerios de Defensa3. Como se recoge en el Informe Militarismo y crisis medioambiental del Centre Delàs d’Estudis per la Pau, la OTAN es el mayor emisor militar de gases de efecto invernadero del mundo. ‘El estudio de Parkinson y Cottrell de 2022 estima que la huella de carbono militar mundial es de, aproximadamente, el 5,5% del total de las emisiones globales.’4
En Andalucía, las políticas de desregulación ambiental, la amnistía a regadíos ilegales, el modelo agroindustrial insostenible, la priorización del vehículo privado por déficits en el transporte público, la masificación turística, los proyectos de minería indistrial a gran escala como el de Aznalcollar y la flexibilización urbanística no hacen sino aumentar las emisiones contaminantes y la vulnerabilidad frente a la crisis climática y ecológica.
3. Más de un negacionismo climático
Esto es lo que viene ocurriendo en la política occidental: la captura corporativa del Estado conlleva que se reconozca la gravedad de la crisis climática y la necesidad de una transición ecológica, pero se evitan las políticas estructurales que afecten significativamente a los procesos de acumulación de capital de los sectores dominantes. Lo que estas políticas preservan no es sino la continuidad histórica del capitalismo fósil.
Mientras las ultraderechas exhiben su desprecio a ‘mirar por el telescopio’, los gobiernos dominantes del mundo, como el norteamericano o los europeos, en la práctica, ejercen la renegación climática: ‘lo sabemos, pero aún así…’
En la gran aceleración hacia el desastre que impulsa el capitalismo neoliberal, el conocimiento de los riesgos producido por el conocimiento científico no reorganiza el ‘sentido común’ (esta sería una de las funciones de la hegemonía descrita por Gramsci). Los riesgos se naturalizan, no se invisibilizan como ideología dominante, no afectan en profundidad a las prácticas institucionales ni reformulan las decisiones políticas y económicas. Esta disociación epistemo-política asegura la persistencia de relaciones de poder, intereses materiales, estructuras ideológicas y mecanismos de legitimación que neutralizan las consecuencias prácticas.
Y es que las políticas contra el cambio climático y la preservación de los ecosistemas son incompatibles con el paradigma económico dominante en prácticamente todo el mundo, el neoliberalismo, una racionalidad política sujeta a criterios de rentabilidad, competitividad y desregulación de las relaciones económicas.
Ocurre, sin embargo, que en la tensión estructural entre mantener la apariencia democrática de los sistemas políticos y asegurar la rentabilidad del capital y las ganancias de las grandes corporaciones, el reconocimiento del problema climático opera como fuente de legitimidad política. Es el greenwashing de la retórica política dominante, en el fondo una forma de violencia simbólica que adormece la conciencia sobre el enorme desafío que tiene la humanidad y su continuidad.
El problema contemporáneo ya no es la ausencia de conocimiento, sino la neutralización política del conocimiento científico mediante la captura corporativa de las instituciones y la hegemonía del capitalismo fósil. Los negacionistas clásicos se niegan a mirar por el telescopio. El negacionismo institucional contemporáneo se legitima mirando por él todos los días, pero gobierna como si nunca hubiera visto nada.
1[Informe] Cuando el ‘lobby’ fósil rebaja la ciencia: desregulación y captura corporativa en el giro climático de la UE hacia 2040 • Ecologistas en Acción
3 En el Estado español, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 y la actual Directiva de Defensa Nacional (2020). Fuente Centre Dèlas: Militarismo y crisis medioambiental – Delas
4Militarismo y crisis medioambiental Militarismo y crisis medioambiental. Investigación del Centre Delàs d’Estudis per la Pau
