50 años ocupando la imaginación jornalera andaluza

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En este mes de agosto se celebrará medio siglo desde la creación del Sindicato de Obreros del Campo y del medio rural andaluz, un movimiento clave para entender el periodo de la “transmisión” y posterior adaptación social a la modernidad y al resto de fenómenos de globalización en los que se insertó la sociedad andaluza después de la dictadura militar franquista.

Para intentar comprender lo que supuso el SOC para la sociedad andaluza, considero necesario extenderlo a movimiento y no solo a la organización sindical como tal. En palabras de un jornalero de Osuna: “El sindicato de los organizados y los no organizados”. Ahí está una de las claves de la conexión con la población jornalera andaluza y con la transmisión de sus demandas y necesidades históricas. Pero no solo eso: también está la capacidad de imaginación política y económica contra el realismo capitalista que explicará Mark Fisher a través del “No hay alternativa” de Margaret Thatcher.

La capacidad de cambiar las realidades de los jornaleros del medio rural andaluz es un fenómeno social que abarca desde las iglesias, las comisiones de jornaleros y el sindicalismo, las formas de democracia directa, el uso común de los medios de producción, un prototipo de germen de municipalismo, el ecologismo social, un modelo económico basado en el cooperativismo social y transformador, una educación con maestros que practicaban los valores de la escuela moderna de Ferrer y Guardia o los campamentos de verano “juniors”, una abogacía crítica coordinada, y hasta un modelo de desarrollo urbanístico donde el principal eje era la vivienda como uso y no como mercancía, junto con grandes espacios verdes públicos concebidos para el uso y disfrute del común. Sin olvidar la cultura, con sus murgas de currelantes de Carlos Cano, el teatro independiente lebrijano y su posterior legado en una especie de simbiosis jornalera. Intentar entrelazar y unir todos estos proyectos y sus protagonistas es un deber.

Sería conveniente, para avanzar, establecer también los límites y las debilidades que el movimiento tiene y ha creado, y que todo movimiento revolucionario debe asumir desde una inteligencia común y crítica, en tiempos donde se levantan vallas y cercos a la inteligencia bajo una apariencia digital, para que ese trabajo siga siendo un referente y se sigan soplando velas y ocupando mentes.

No es solo medio siglo de desobediencia; es medio siglo de prácticas andalucistas, de una forma de vida para el común. Rescatar cada una de las experiencias vinculadas a este periodo es una obligación por la memoria de la clase jornalera y una herramienta para transformar el presente.

Autoría: Antonio Sánchez, «Pajarito». Militante de El Saucejo.