La Peste del S.XXI

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Afirma el historiador barcelonés, Andrés Nadal, que la historia está llena de pandemias. Este sevillano de adopción, especialista en la antigüedad se hizo viral hace unos días al explicar de manera divulgativa y accesible, a través de un vídeo de cinco minutos, aquello tan manido de que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Personalmente desconocía el caso de la Peste Antonina, que se desarrolló entre los años 165 al 180 d.C y que mató a un tercio de la población, llegando a tener un índice de defunción de dos mil personas diarias. Motivo por el que la gente tenía miedo a salir de sus casas. Se paralizó el comercio y la mayor parte de las fuerzas de seguridad de la época, esto es, soldados y legionarios romanos perecieron a causa de esta peste. ¿Les suenan de algo los datos que aporta el historiador?

Resulta que el profesor Nadal utiliza aquella epidemia y los datos que se conocen de la misma como ejemplo paradigmático de la historia antigua para a través del mismo reflexionar sobre la pandemia que actualmente nos asola mundialmente. Es así como acude a Eutropio para citándolo, ponernos sobre la pista de algo verdaderamente significativo.

“La Peste surge cuando las preocupaciones y la desesperanza son mayores”.

Sin ninguna duda, preocupaciones y desesperación que en un alto porcentaje surgen por motivos económicos y de acceso a bienes de primera necesidad de la población.

Aquello me resultó de lo más llamativo, puesto que también andaba revisitando por esos días la serie que el director sevillano Alberto Rodríguez había realizado junto a su habitual equipo para Movistar+. Un trabajo brillante que nos traslada al apogeo y decadencia de la Sevilla del Siglo de Oro y que de no ser por esta nueva pandemia mundial, un servidor no hubiese relacionado con lo que actualmente estaba sucediendo en todo el mundo. De tal forma que, no hay más que ver el arranque de la serie, ambientada fuera de la muralla de la ciudad de Sevilla donde se descubre el brote de peste que un galeno certifica para contrariedad de Luis de Zúñiga  -uno de los personajes protagonistas, interpretado magistralmente por Paco León- que pide al médico que le de dos semanas a cambio del pago de una cifra indeterminada de dinero. Soborno que el médico no aceptará, dándose la vuelta y marchándose del foco de la enfermedad en silencio. Una escena que resume y retrata con absoluta crudeza las causas y las consecuencias de un desastre sanitario de incalculable magnitud. Y nos muestra a las claras que siempre hubo usureros que sirviéndose de la miseria del pueblo pretendieron hacer fortuna con ella. De hecho, también hoy sucede. Y también hoy hay un Luis de Zúñiga dispuesto a hacer fortuna a costa de la miseria y de la necesidad ajena. Esta crisis provocada por el denominado Covid19 nos vuelve a recordar que en el mundo hay parásitos que nos enferman más que cualquier virus. Porque pese a todo, sigue habiendo quienes se empeñan en comercializar con la salud y con la necesidad ajena. Quienes desatienden lo común para enriquecerse a costa de la miseria de los más débiles.

Posiblemente, la diferencia estribe en que hoy el sistema económico y social es más despiadado e inhumano que lo era en aquel entonces y por consiguiente cuesta más trabajo encontrar a personas insobornables ante el chantaje de mezquinos, soberbios y prepotentes que utilizan su cargo para organizar planes estratégicos o de choque junto a sus amiguetes, para vestir el santo y repartirse el presupuesto que los impuestos y las arcas públicas liberan para así tratar de paliar la necesidad del pueblo. Nada nuevo bajo el sol. Eso sí, resulta triste y desolador comprobar como ya ni esas actitudes nos sorprenden ni escandalizan, a pesar de verlas e identificarlas en quién se supone que es un “sevidor público”.

Salutem vs Oeconomia

Había algo mucho más importante en aquella relación que de un modo inconsciente yo me encontraba estableciendo entre la Peste Antonina, La Peste del Siglo de Oro y el Covid19. Algo que no terminé de ver hasta que mi amigo y compañero, el economista Óscar García Jurado, en una breve reflexión nos conectó claramente Salud con Economía. Y lo hizo al citar al doctor Álvaro González Franco, Jefe de Medicina Interna del Hospital Universitario Central de Asturias, quién hace unos días decía: «Estamos viendo que el daño en los enfermos no es tanto por la lesión que provoca el virus en las células sino por la respuesta inmune del organismo, que es la inflamación.»

De este modo García Jurado utilizaba aquella tesis médica para desarrollar un análisis economicista de las consecuencias que la pandemia estaba causando en el sistema capitalista. Y resulta que según él señalaba, el daño que la economía estaba sufriendo no venía provocado tanto por los efectos del virus, como por la respuesta del tipo de economía en la que vivimos. Una economía que tiene por objetivo la acumulación de capital. Un sistema económico para el que sólo es trabajo aquél que genera ganancias. Y aunque un antiguo dicho español señale desde hace muchos años que “es de necio confundir valor con precio” es exactamente a eso a lo que hoy asistimos de una forma ordinaria y sin el menor escrúpulo, de manera descarnada y completamente deshumanizada. Al ver como se privatizan bienes comunes. Como se destruye la naturaleza, sin el menor miramiento ni atisbo de remordimiento. Y en definitiva, se hace todo lo posible y lo imposible por mantener a toda costa un sistema económico como el capitalista que, utiliza el dinero para generar más dinero. Mucho dinero, todo el dinero, sin cuestionarse para qué, ni a costa de quiénes.

De modo que, la economía capitalista está respondiendo al virus como le es propio: priorizando el beneficio, incluso a la salud de millones de personas. Inflamando el dolor para así poder salvarse ella. Quitándose por fin la máscara, para mostrarnos su verdadera cara. La de una economía que es más letal que el propio virus. Ya que como apuntaba el profesor Andrés Nadal, la causa de su generación se encuentra en la misma economía y en el desequilibrio que ésta plantea en cuando al acceso a los mismos bienes de primera necesidad.

Si hiciésemos un recorrido comparativo por el contexto socioeconómico de la Peste Antonina, la Peste del Siglo de Oro y esta pandemia que hoy asedia a la humanidad, encontraríamos muchos más puntos en común de lo que nos imaginamos. Dado que en todos los casos, la economía tiene una respuesta inmune que surge como mecanismo de defensa para así poder salvarse ella. Una respuesta que no dudará en sacrificar seres humanos, la madre naturaleza o pequeñas actividades económicas que sostienen muchas vidas a pesar de que el beneficio que estas reporten a nuestra sociedad no sea cuantificable, ni ponderable desde un punto de vista monetario. Quizás el caso que mejor ejemplifique ese tipo de actividad a la que me refiero, sea la que representa hoy el sector de la cultura. Esa que a través de la pintura, la escultura, la literatura, la música, el cine y otras muchas manifestaciones artísticas, llenan el alma de los ciudadanos y ciudadanas de este mundo. La misma que a un servidor le ha ayudado a reflexionar y poner en relación tres pandemias sobrevenidas en tres épocas diferentes de la historia de la humanidad. Y así poder comprobar como aquello que afirmó Marco Aurelio de que “la destrucción de la inteligencia es una peste mucho mayor que cualquier infección” era válido y cierto en el siglo II d.C y hoy en pleno siglo XXI. Y conste que lo dijo un gobernante que al ver como las arcas de Roma se quedaban vacías por el tremendo gasto público soportado a consecuencia de aquella terrible epidemia, subastó sus propios bienes para poder seguir haciendo frente a las necesidades de su pueblo. Algo de lo que hubiesen podido tomar buena nota alguno de los gobernantes de la actualidad, para bajar el gasto en sueldos y dietas de políticos y así ayudar a cubrir otra serie de necesidades mucho más urgentes y prioritarias en estos duros momentos. Incluido nuestro actual y sevillano “Luis de Zúñiga” particular.

El mundo clásico nunca fue igual después de aquella larga y mortífera enfermedad. Como tampoco volvió a serlo la Sevilla del Siglo de Oro después de aquella peste que tan bien recogió Alberto Rodríguez en esa fabulosa serie que hace tan poco tiempo tuvimos oportunidad de ver. Quizás por eso en todas las epidemias a las que aquí hemos hecho referencia se puso en confrontación a la Salud y a la Economía. Y por ello todos y cada uno de nosotros tengamos la certeza de que el mundo actual, nunca volverá a ser como era después de esta crisis mundial sanitaria provocada por el Covid19. Sin embargo, parece que el sistema económico vigente a nivel mundial sigue imponiendo a los líderes políticos de todo el planeta, la hoja de ruta que han de seguir en plena decadencia del mismo. Una decadencia que quieran o no, habrá de llevarnos a un inevitable cambio de Era. Aún así, seguiremos siendo testigos durante un tiempo de un pulso tan injusto como desigual entre la salud y la economía, en el que veremos y oiremos argumentos tratando de justificar y sostener lo injustificable y lo insostenible. Por más que un gitano de San Fernando llamado José Monje Cruz, conocido universalmente como “Camarón de la Isla” dejase grabado hace varias décadas un visionario fandango que decía:

“Salud antes que dinero

Yo le estoy pidiendo a Dios

Salud antes que dinero

Aunque me tenga que ver

Lo mismo que un pordiosero

Pidiendo para comer”

Autoría: Fernando González-Caballos Martínez. Productor artístico, periodista y antropólogo.