Mujeres lorquianas. Recuerdo de un grito eterno

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No, que no desemboca./Agua fija en un punto,/respirando con todos sus violines sin cuerdas/en la escala de las heridas y los edificios deshabitados./¡Agua que no desemboca!

Federico García Lorca

 

Llevo mucho tiempo pensando en el feminismo y en Andalucía, en las historias que han acompañado mi vida, en las mujeres que han mecido mi cuna. Llevo mucho tiempo pensando en la tierra que me vio crecer y en los mundos en los que yo comencé a soñar. Llevo mucho tiempo pensando en el feminismo que existe en Andalucía, en cómo las mujeres sobreviven, en cómo se cuenta la vida desde esta tierra.

Esta andadura sobre feminismo e identidad andaluza se forjó allá en Catalunya cuando yo estaba migrada interna porque en la tierra donde habitan las mujeres que me han criado no había posibilidades ni trabajo. El momento en el que el feminismo y Andalucía se revolvían en mis entrañas yo estaba en Catalunya, viviendo en un barrio obrero habitado por gentes con una historia llena de migraciones históricas. En La Trini (Trinitat Vella) mucha gente posee un devenir charnego. En ese barrio, comencé a pensar en esto de ser migrada, en la historia de las migraciones y en esa gente andaluza que allá por los 60 dejó todo como yo en busca de un futuro mejor, como yo. ¿Qué es esto del futuro? Me pregunto yo ahora revolviéndome de nuevo en Andalucía, luchando con la precariedad andaluza para crearme una vida aquí, para enraizar mi cuerpo en esta tierra cerquita de mis memorias.

En ese barrio charnego (La Trini) me repensé yo como andaluza, como mujer migrada y conecté con mis antepasadas. ¿Quién no tiene en su familia una historia de alguien que dejó todo para irse a vivir a Catalunya? En ese territorio empecé a soñar con Lorca, gracias a mi directora de teatro María Borrego imaginé como serían esas mujeres que este poeta describía en sus escritos. Al mismo tiempo, yo estaba estudiando un máster sobre feminismo donde me propusieron hacer un trabajo de investigación sobre mis abuelas y mi madre. Y fue en ese instante, mientras leía a Lorca, vivía en un barrio de migrantes y escuchaba los relatos que mi madre y mis abuelas me contaban cuando me di cuenta que la memoria de Lorca y las mujeres protagonista de sus historias seguía viva en nuestras carnes. Porque las mujeres lorquinas soy yo misma mientras sueño con vivir en esta Andalucía llena de contradicciones, tan alegre y tan sangrante.

Al realizar ese trabajo de escucha hacia las mujeres que han criado, pensé que las mujeres de Lorca son mujeres como mi madre o mi abuela. Andaluzas de la tierra, del silencio y la pena honda. Andaluzas que por sus posibilidades y circunstancias han quedado encerradas en sus vidas llenas de promesas incumplidas. García Lorca representa el dolor y la alegría, los impulsos y las luchas de estas mujeres. Las mujeres que aparecen en los textos de Lorca resisten y son activas, tienen agencia y nombran sus historias, son protagonista de sus vidas. Son mujeres luchadoras que irrumpen en el mundo para decirse con sus palabras pero también con sus silencio. Lorca, deshila las entretelas de los sentires de las mujeres andaluzas. De nosotras, que seguimos en esta tierra llena de memorias, de expolios y de sufrimientos, pero también de resistencias, de alegrías y supervivencias. Las mujeres de Lorca se viven calladas bajo un mutismo forzado, pero también bajo un silencio elegido. ¿Es que el silencio no puede ser elegido?

Las mujeres lorquinas, nosotras, somos mujeres enraizadas a la tierra. Mujeres que luchan por su vida y la de sus hijxs. Las mujeres de Lorca son referentes en su propia supervivencia, con sus delirios y miserias, con sus alegrías y sus penas, con sus algarabías y silencios. Las mujeres de Lorca son mujeres de gran fortaleza. Son mujeres de la tierra, que lloran su pena para adentro, en los muros de su encierro. La vulnerabilidad de Lorca queda reflejada en estas mujeres que es la vulnerabilidad de todes. La muerte acompañan a estas mujeres en un luto perpetuo. Muerte que, en Lorca, es verde. Es verde como los olivos, como la bandera, verde Andalucía. Esta muerte solloza en nuestros vientres, en nuestros vacíos y nuestras almas.

Lorca, con sus historias, nos acompaña para vislumbrar los entresijos más profundos del femenino andaluz. Las mujeres de Lorca, como yo, mi abuela y mi madre, se debaten entre la vida y la muerte internamente. La pena honda cala su existencia y sollozan en silencio, cosen y rezan. Pero también cantan, se enamoran y desean.

Las mujeres de Lorca somos nosotras. Soy yo recordando en la lejanía mi pena onda. Soy yo en mi devenir andaluza. Las mujeres de Lorca somos nosotras, atrapadas y confusas, coherentes y liberadas, alegres y calladas. Enfrentadas a nosotras, a nuestra sangre pero también hermanadas con nuestras ancestras, cobijadas en nuestro mutismo y nombradas en nuestras palabras.

Andalucía es Lorca porque es eterno. El grito de las mujeres está en Lorca y Lorca está en el grito de las mujeres. Y ese grito viene desde el pozo, que es eterno. La Muerte de Lorca junto con las mujeres gritan en un pozo eterno abandonado. Rescatar este grito y escuchar los silencios de las mujeres lorquianas, los de mi madre, los de mi abuela y los míos propios fue el primer pulso que me llevó a pensar en el feminismo andaluz.